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El Guayabero, Rey del doble sentido, el humor fino y el "tumbao"
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De Holguín, la Ciudad cubana de los Parques, fue el más grande de los juglares de Cuba -o El Juglar Mayor, uno de los sobrenombres con que se le conoció-. Era un mulato casi siempre vestido de traje y con un sombrero de pajilla, que tocaba el tres de manera envidiable para muchos. Pero lo que realmente lo hizo único en su país y en el resto del mundo fue su habilidad para hilvanar palabras e ideas de manera tal que llegara siempre una imagen picaresca a las mentes de quienes lo escuchaban, aunque eso nunca fue lo que él dijo. Se ganó así su segundo seudónimo y con el que colegas y público lo reverencian hasta nuestros días: El Rey del Doble Sentido, aunque, según decía, el doble sentido, lo pone usted. Faustino Orama Osorio, -El Guayabero, como se decía a sí mismo-, músico de formación autodidacta, cubano como todos los cubanos juntos, manejaba el criollismo y lo autóctono para hacer crónicas sobre los tiempos que vivió en formato de cuartetas, siempre de su autoría y jocosamente, acompañadas de un tumbao cadencioso y difícil de resistírsele hasta para quien no es bailador. En 1980 funda su propia agrupación, Los Guayaberos, quienes aún después de la muerte de su líder mantienen, como pocas agrupaciones en el mundo, su repertorio original de alrededor de 150 temas entre los que destacan ¨ Marieta ¨, ¨ El perro muerde callao ¨ y ¨ Hay Candela ¨, número que fuera ganador de un permio Grammy a la mejor música tradicional como parte del álbum presentado por el proyecto Buena Vista Social Club. Entre los grandes de la música cubana, El Guayabero es reconocido por su tumbao. El prestigioso tresero Pancho Amat, reconoce que lo estudia y se inspira en él para sus composiciones. En tanto, Pablo Milanés, lamenta que no haya otro como él por su especial forma de cultivar la cultura popular cubana en ese modo especial de decir, con delicioso ritmo criollo, todo cuanto acontecía a su alrededor y ponerle además, una pizca de humor con muchísimo i... Leer más
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Adiós Faustino, El Guayabero se queda...
 Imposible llamar sepelio al póstumo viaje de Faustino en el tren de la vida. El pueblo holguinero le despidió como si, en vez de partir por la vía estrecha, saliera a una más de sus giras por el mundo. El tren de la eternidad ha tomado hoy de pasajero al Juglar Mayor, a Faustino Oramas, rey de la risa y dueño de un doble sentido tan finamente elaborado y exento de vulgaridades, que se ufanaba él en decir: "...el doble sentido lo pone la gente..." Desde La Periquera, en lo más céntrico de la ciudad de Holguín, en el extremo centro oriental de Cuba, lugar donde tantas veces cantara a su pueblo, partió la muchedumbre acompañando al féretro. Las calles desbordadas de gente, que en azoteas, aleros, balcones y ventanas le decían adiós a su
Guayabero, fueron el escenario donde se escucharon esta vez los sones y guarachas que compuso Faustino en su prolífera carrera. El lo pidió así, que nadie llorara, que no se dejara de festejar, y ¡santa palabra! Eliades Ochoa, Cándido Fabré, Pancho Amat, Tiburón Morales, entre otras figuras de la música cubana, despidieron el duelo bajo una pertinaz llovizna que no apagó el candor de este suigeneris sepelio. Música, canciones, aplausos... El viejo cementerio, en la ciudad que le vio nacer hace casi 97 años, se estremeció tomado por asalto por un público que no quería perderse este concierto, esta vez desde "el otro lado de la línea", el último regalado por el hombre que se hizo grande con la guitarra y la palabra. Decirle adiós es un equívoco imperdonable porque, como cantara hoy su grupo: Faustino ya tú te vas, pero se queda el son. (Ver Video del sepelio)
(Faustino Orama 4 de junio de 1911- 27 de marzo de 2007)
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Cronolgía de vida y obra de Faustino Orama, El Guayabero
4 de junio de 1911
Nace en el seno de una familia humilde fundada por el albañil José Osorio y la ama de casa Isolina Osorio.
1915
Con solo cuatro años de edad expresa a su madre el deseo de ser músico.
Década de 1920
Estudia hasta el Quinto grado en la Escuela Primaria de la notable pedagoga Teresita Urbino. Los apremios económicos de la familia y las dificultades traídas por la tiranía machadista, lo obligan a abandonar los estudios y desempeñarse como ayudante del padre en las labores de albañilería y en otras modestas actividades.
1930
Al inaugurarse la imprenta de José Santos Betancourt, en los fondos de su tienda “El buen gusto” (hoy sede de la C... Leer más
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